Errores de edición que afean la novela en La Llave.

¿Qué hay, mentes inquietas?

Mi última lectura de julio ha sido un middle grade encantador titulado La Llave. Es una traducción de la obra de su autora noruega Tone Almhjell, que me ha dejado un sabor agridulce.

En La Llave, la autora nos describe un mundo fantástico en donde viven todas aquellas mascotas que algún día fueron amadas por un niño: Platelia. Allí, los mascotines, adquieren el tamaño de una persona, la capacidad de hablar y muchas de nuestras costumbres, como tomar gofres en las pastelerías o ir a fiestas a empacharse de palomitas. Es un lugar cubierto de nieve y regido por la bondad de los Hibernalis, una familia mágica (humana) que tiene como misión provocar las nevadas en el mundo real cuando llega el momento y preservar el equilibrio entre ambos mundos.

la-llave

La historia comienza cuando Lin, una niña de once años que perdió a su topillo-mascota, recibe una carta que contiene una llave y en la que le aseguran que ella es una Girarrosa. Con esa llave, Lin consigue llegar a Platelia y reencontrarse con Rufus, su antigua mascota. Pronto descubre que el nombre de Girarrosa va asociado a “peligro inminente” y que debe encontrar al último integrante de la familia Hibernalis, Isvan, para que este pueda producir la gran nevada y preservar el equilibrio. Si bien, su misión será difícil y llena de acertijos (que ni yo misma he sido capaz de averiguar).

La Llave es, en definitiva, una gran historia de fantasía comparable con Narnia u otras similares.

¿El problema? Los fallos en la edición. Es cierto que no hay libro que consiga estar editado sin ningún error. Los he visto incluso en novelas que venden millones de ejemplares en el mundo y es algo que uno ya entiende. Sin embargo, la cantidad de erratas en esta novela es muy superior a todo lo que he leído antes, ante todo porque se trata de un libro de tapa dura y de una gran editorial. Había tomado unas cuantas capturas  para mostrároslas, pero me he arrepentido. Simplemente porque creo que la persona que realizó la edición puede que estuviera bajo mucha presión (entendiendo que es una de las mayores editoriales de España) y que, como cualquiera, si trabajas a destajo las cosas no salen bien. Los errores son tan obvios como la repetición de palabras (por ejemplo: el niño la bajaba la bajaba por la escalera) o colocar preposiciones donde no tocan (el coche conducía por de la carretera) o incluso, equivocarse en el género (la chica rubio).

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