¿Por qué hadas?

¿Qué hay, mentes inquietas?

Una de las preguntas que suelen hacerme es por qué he elegido el género juvenil y, en concreto, por qué he hablado de hadas y magia en mis escritos.

No soy una apasionada de la mitología, lo reconozco. De ningún tipo de ella. Quiero decir, me encanta leer sobre dioses antiguos y sus virtudes, poderes, defectos e historias. Con sinceridad puedo decir que fue uno de los temas que más me gustaron en mi etapa de estudiante de latín (va en serio, estudié latín en el instituto), pero no conozco en profundidad el tema.

Uno de los motivos por los que escribo fantasía es, precisamente, por eso. Porque no importa si no conoces el tema a la perfección; puedes inventar y darle una vuelta de tuerca a lo de siempre, innovando o no, según tus preferencias. O puedes documentarte, si lo prefieres, y utilizar conceptos  básicos sobre los que desarrollar tu historia.

Cuando comencé a escribir El Recodo de las Hadas, lo hice pensando en un público infantil. Elegí vincular a la protagonista al mundo de las ninfas y enfocar su belleza al medio natural, más que a la figura de la mujer, como tantas otras veces se ha hecho.

Y decidí también, basándome en el abanico lector al que pretendía llegar, que sería oportuno utilizar ciertos tópicos que todo el mundo conoce acerca de la magia y de los hechiceros, como, por ejemplo, que las brujas son pelirrojas y  suelen ir acompañadas de felinos.

Para ser sincera, esta historia no debía haber pasado de cincuenta hojas. Lo digo en serio. Mi primera intención fue escribir una obra corta, dirigida a chic@s de ocho o nueve años. Si os estáis preguntando por qué decidí desarrollarla,entonces, la respuesta es muy sencilla: apareció DavidDavid b&n.El Recodo de las Hadas.

David irrumpió en la aventura con la determinación de explicar su propia historia. Tenía mucho que contar, y no estaba dispuesto a que lo ignorase o lo dejase de lado (realmente, se acercó a mí y me gruñó, asegurándome que él era mucho más interesante que Sara. No os engaño si os digo que llegó a intimidarme).

Y David, un personaje que tan solo debía de componer un apoyo a la protagonista, acabó convirtiéndose en dueño de la aventura, junto a Sara.

Puedo decir, además, que me ha sorprendido el revuelo que su personalidad introvertida (que no tímida) está causando. Estaba convencida de que los lectores repararían más en Sara, y es sus aptitudes ocultas para la magia y no en David y en su antipatía.

¿Queréis saber más acerca de los personajes? ¡No dudéis en preguntar lo que se os ocurra!

Y recordad: los libros no se leen, se viven. ¡Disfrutad la aventura!

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